Historia

Abierto al público desde el año 1866, el Zoológico de Budapest comenzó a pensarse en el año 1820. En sus inicios, el parque estaba destinado exclusivamente a la exhibición de especies húngaras, además de algunos monos, camellos y canguros. Con el tiempo se sumaron tigres, leones, hipopótamos y rinocerontes, y así fue como este parque fue convirtiéndose en uno de los parques zoológicos más diversos e impactantes de la época.

A lo largo de los años, el parque tuvo altos y bajos, pero nunca perdió su encanto ni el reconocimiento internacional. A principios del 1900, luego de algunos años de descuido, el zoológico se renovó, se repararon los daños que había ocasionado el tiempo y el parque continuó a la vanguardia. Durante aquellos años, el Zoológico de Budapest se caracterizó por ser el más moderno de toda Europa.

Con la irrupción de la Primera Guerra Mundial, el desarrollo y la prosperidad del parque se congelaron. De cualquier modo, lo peor llegó con la Segunda Guerra Mundial; parte del zoológico fue bombardeada, varias de las edificaciones destruidas y la mayoría de los animales asesinados. De un momento a otro, el Zoológico de Budapest pasó de ser un símbolo de la belleza a ser la imagen de la desolación. La leyenda cuenta que los pocos animales que sobrevivieron a los bombardeos fueron devorados por ciudadanos que de otro modo hubiesen muerto de hambre.

En el año 1945, reinventándose una vez más, el Zoológico de Budapest volvía a abrir sus puertas. Lentamente, las instalaciones se recuperaron, las construcciones que habían sido dañadas fueron restauradas y nuevos ejemplares de las especies de animales que habían sido aniquiladas se adquirieron nuevamente. Otra vez, pese a la violencia, el drama y la tragedia, el zoológico renacía nuevamente, volviéndose a convertir en uno de los parques zoológicos más fascinantes sobre la faz de la tierra.